La ternura como fuerza política.
La ternura es una forma de fuerza que no grita. No es débil y no avanza conquistando, avanza sosteniendo. La ternura no irrumpe. Hace lugar. En un mundo organizado por la prisa, la competencia y el descarte, la ternura es una interrupción. Un gesto que desacelera la maquinaria. Una negativa a tratar lo vivo como cosa. Hemos aprendido a asociar lo político con la dureza. Con el control. Con la capacidad de imponer. Pero hay otra tradición, más silenciosa, menos celebrada, que entiende la política como el arte de cuidar la vida. La ternura pertenece a esa tradición. No es ingenua. Sabe de la violencia. La ha visto de cerca. Por eso no la reproduce. La ternura no niega el conflicto. Lo atraviesa sin deshumanizar. En la clínica lo sabemos. Nada se transforma bajo amenaza. Ningún sujeto florece bajo la mirada que mide, evalúa, exige. El cambio verdadero ocurre cuando alguien es mirado sin ser reducido. La ternura es esa mirada. Es una presencia que no invade. Una voz que no empuja. Un...
Comentarios
Publicar un comentario